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martes, 5 de mayo de 2015

ARA "SOBRAL": Pequeño Titán Atacado

3-5-2013 | La historia del aviso ARA “Alférez Sobral” y su bautismo de fuego en la guerra de Malvinas. El aviso ARA “Alférez Sobral” tuvo su bautismo de fuego el 3 de mayo de 1982, en la guerra de Malvinas. 
El combate librado esa fría madrugada escribió la palabra héroe delante del nombre de sus 49 tripulantes; 8 de ellos, incluyendo su comandante, murieron cuando un helicóptero británico le voló el puente de comando. El resto de la dotación se las ingenió para sobrellevar la fatalidad, gobernar al buque herido y llevarlo hasta puerto seguro. 

HISTORIA 

El Alférez Sobral durante su invernada en el ártico
El aviso ARA “Alférez Sobral” fue construido en Estados Unidos, en el astillero de Levingstone (Orange, Arizona). Entró en servicio en 1944 y con el nombre de USS “Salish” participó de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. En 1972 lo adquirió la Armada Argentina y el 10 de febrero de ese año asumió el nuevo comandante y su tripulación argentinos, en la estación naval de Mayport (Florida).
El buque recibió su nombre en homenaje a José María Sobral, primer marino argentino que invernó en la Antártida entre 1901 y 1903 con la expedición del geólogo noruego Otto Nordenskjöld, cuando quedó aislada 2 años en la Antártida y fue rescatada por la corbeta ARA “Uruguay”, al mando del teniente Julián Irízar. 

EL ATAQUE 

Diez años después de su incorporación a la Armada Argentina, el aviso ARA “Alférez Sobral” tuvo su bautismo de fuego durante la guerra con Gran Bretaña por las Islas Malvinas. A la 1:30 de la madrugada del 3 de mayo de 1982, a 70 millas al norte de las islas, el “Sobral” entró en combate con helicópteros Lynx británicos. Iba al rescate de pilotos de un bombardero Camberra de la Fuerza Aérea, derribado a unas 190 millas al norte de Puerto Argentino (capital de las Malvinas). 
Algunos misiles impactaron en el buque y otros fallaron, pero el último fue certero y destruyó el puente de comando y la sala de comunicaciones, y terminó con la vida de su comandante, el capitán de corbeta Sergio Gómez Roca; del guardiamarina Claudio Olivieri, del cabo principal Mario Alancay, de los cabos segundos Daniel Tonina, Sergio Medina y Ernesto del Monte, del conscripto Roberto D’errico y del marinero Héctor Dufrechou.
Lámina homenaje a Gómez Roca expuesta
en el Museo de Astillero Río Santiago 
A partir de ese momento, el segundo comandante, teniente de navío Sergio Bazán, herido en una pierna por una esquirla, se hizo cargo de una nave incendiándose, sin balsas sanas, con los elementos de navegación y comunicación destruidos y con la posibilidad de ser atacados otra vez. “Había una radio portátil en la que se escuchaban varias noticias, entre ellas el hundimiento del “Belgrano” y el nuestro, pero afortunadamente estábamos a flote”, contó el teniente Bazán. ´
El buque logró ver la costa de Puerto Deseado el 5 de mayo y pudo amarrar esa noche. Quince días después zarparon con la ayuda de un remolcador rumbo a la Base Naval Puerto Belgrano, donde llegaron a la tercera noche. Allí, el Arsenal Naval y la dotación del buque le reconstruyeron su puente de comando. 

TRAS LA GUERRA

El aviso ARA “Alférez Sobral” pudo seguir en servicio y aún hoy continúa navegando. Desde su apostadero en la Agrupación Lanchas Rápidas de la Base Naval Ushuaia, donde llegó en 1978, cumplió con operaciones de rescate de náufragos, patrullaje de costas, apoyo logístico y actividades combinadas con la Armada de Chile. Hasta que el 2 de febrero de 2010, el aviso se despidió del muelle militar “Augusto Lasserre”, en Ushuaia —su hogar durante 17 años—, y pasó a prestar servicio en la División de Patrullado Marítimo con asiento en la Base Naval Mar del Plata.
Gustavo Pereyra  

martes, 22 de mayo de 2012

AVISO A.R.A. "ALFÉREZ SOBRAL" EN COMBATE

Soy un veterano de guerra ex tripulante de 1982 del Aviso Alferez Sobral de la Armada Argentina, que el dia 3 de Mayo tuvo su bautismo de fuego y que el 3 de mayo de 2010 en la Base Naval Mar del Plata, compartimos una formación con la dotación actual del Aviso y todo el personal del Area Naval Atlántica, y quiero compartir esta foto del Buque como quedo después del ataque, que soportó por helicoptero inglés, un abrazo enorme a todos los Veteranos del País.
Ramon Alfredo Ramirez
SPBU(RE) VGM
Sábado 27 de marzo de 1982. El Aviso A.R.A. Alférez Sobral, pequeño buque de la Armada Argentina cuya misión principal es la de llevar a cabo diversas tareas auxiliares, tales como remolques en el mar, balizamientos, apoyo a otras unidades y a las zonas costeras, etc, se encontraba en su apostadero de la Base Naval Puerto Belgrano

El 2 de mayo amaneció con tiempo borrascoso. Durante la mañana un mensaje alertó sobre la presencia de un Grupo de Tareas británico compuesto por un portaaviones y seis u ocho buques de guerra, operando en el área hacia la cual nos dirigíamos.

Llegó el atardecer, y con él una infausta noticia: el Crucero General Belgrano había sido torpedeado. Fue un duro golpe ya que, como es lógico, sentíamos verdadero cariño por esa nave, en la que navegaban compañeros y amigos de toda la vida; pero a medida que transcurrían las horas y nos acercábamos al punto calculado para iniciar la búsqueda, la atención se centró en el intento de salvar a los dos hombres que se hallaban a merced de las aguas.

Casi a medianoche fuimos sobrevolados por un helicóptero no identificado, ordenándose entonces cubrir puestos de combate. La aeronave se mantuvo sólo unos instantes, alejándose luego para perderse en la oscuridad.
Transcurrieron 40 minutos de atenta vigilia. Los nervios terriblemente tensos, pero nadie exteriorizó lo que sentía. Hasta parecía que se trataba de otro zafarrancho de rutina. ... Pero había algo muy claro: El enemigo nos había descubierto y no tardaría en atacar.

Se sabía a bordo que no recibiríamos ayuda debido a que no había otros buques argentinos en las proximidades. Como tampoco apoyo aéreo, cuando menos hasta la mañana siguiente. Como el mar estaba agitado y el violento movimiento del buque dificultaba el trabajo de los apuntadores de las armas, el Comandante decidió invertir el rumbo, de manera tal que recibiendo el oleaje por la popa nuestra unidad se mantuviera lo mas estable posible.

Así las cosas, al acercarse otro helicóptero británico el Sobral abrió fuego, entablándose el combate. El cañón de 40 y las ametralladoras de 20 mm dispararon su munición, y si bien por la oscuridad reinante y el ya mencionado rolido y cabeceo del buque, no consiguieron hacer impacto, sí lograron que la aeronave enemiga se alejara precipitadamente, tomando distancia para ponerse fuera del alcance de nuestra artillería.

Minutos más tarde el Jefe de Artillería advirtió que por estribor se divisaban destellos. Desde el puente de mando, efectivamente, se observaron también pequeñas luces. A primera vista, el Comandante, que no perdía las esperanzas de rescatar a los pilotos buscados, expresó con entusiasmo que podía tratarse de señales lanzadas por ellos. Pero instantáneamente el particular movimiento de las luces avistadas nos indicó que en realidad eran misiles que se aproximaban.

Todo ocurrió en pocos segundos. Un misil (se trataba de la clase Sea Skua lanzados desde helicópteros Sea Lynx) impactó en la lancha, explotando y destruyéndola por completo, al tiempo que rociaba con esquirlas la superestructura. Los tres operadores de la ametralladora de 20 mm de estribor fueron heridos. Personalmente experimenté los efectos de la explosión, siendo arrojado hacia el interior del puente, recibiendo también una esquirla en la pierna izquierda.

Otro misil pasó sobre el buque sin impactar. El Comandante ordenó abrir fuego cubriendo el sector desde el que provenía el ataque, aunque era imposible ver al enemigo debido a la oscuridad y a que éste efectuaba sus lanzamientos de misiles a máxima distancia, manteniéndose fuera del alcance de las armas del Sobral.

Al ordenarse el alto el fuego, se constató que las averías no afectaban mayormente, hasta ese momento, la seguridad náutica y navegabilidad de la unidad, pero las antenas y equipos de comunicaciones resultaron averiados, por lo cual estas quedaron interrumpidas. Enseguida se trasladó a los heridos a cubiertas bajas para su atención. Allí, en la cámara y camarotes de oficiales, el médico de a bordo había instalado su puesto de socorro y trabajaba sin pausa junto al enfermero.

Por orden del Comandante recorrí el buque comprobando que, teniendo en cuenta las circunstancias, todo estaba en orden. El personal continuaba en sus puestos de combate, fueran estos en la sala de máquinas, las armas, los equipos de control de averías, etc. Observé rostros que denotaban preocupación, pero todos, con disciplina y férrea voluntad, se esforzaban por cumplir de la mejor manera con sus funciones.

Al observar que los ataques se producían con misiles, el Capitán Gómez Roca apreció, acertadamente, que el lugar de mayor riesgo era la superestructura, especialmente el puente de mando.

Ante ello, con el fin de proteger a sus hombres y considerando especialmente que por la distancia la que se encontraba el enemigo ya no sería posible combatir efectivamente con las armas propias, ordenó desalojar las cubiertas superiores y los sectores mas expuestos, quedando en el puente solamente él y los tripulantes indispensables para conducir el buque. Esta difícil y heroica decisión, adoptada en los momentos de mayor tensión e incertidumbre, significaría luego la preservación de la vida de muchos de sus hombres, pero también su propia muerte en acción.

Al finalizar una rápida inspección del buque, y en oportunidad en que me dirigía hacia el puente para informar el resultado de la misma, sentí un agudo dolor en la pierna herida. El médico, a quien crucé casualmente, insistió en revisarme y este hecho providencial evitó que me encontrara junto al Comandante en el preciso instante en que el enemigo atacó nuevamente (01.20 horas del día 3 de mayo)
Un misil impactó de lleno en el puente, destruyéndolo totalmente, al igual que el cuarto de radio que se hallaba directamente debajo. El palo de proa cayó y las innumerables esquirlas provocaron averías diversas en toda la parte superior y media del buque, que se estremeció como si hubiera sido golpeado por una mano gigantesca. El sector de proa se llenó de humo y el penetrante olor de la explosión invadió los compartimientos, aumentando la ansiedad general. 

Allí, en el interior de la nave, la fatalidad hizo que el Conscripto Roberto D’Errico, mientras era asistido de una herida sufrida durante el primer ataque, fuera alcanzado nuevamente por una esquirla que, traspasando dos cubiertas, terminó con su vida.

Ansioso por conocer la magnitud de lo ocurrido subí hacia el puente, encontrando un verdadero desastre: estaba totalmente arrasado, hierros al rojo vivo y un incendio que cobraba fuerza. El Comandante y los que allí se encontraban habían muerto. La situación no era mejor en el cuarto de radio, igualmente destruido por la explosión, con los operadores muertos en sus puestos de combate y un único sobreviviente, el Cabo Enríquez, gravemente herido.
Al instante comprendí que me encontraba ante el cuadro que ningún segundo comandante desearía que se presente jamás, aunque esté preparado para ello y constituya ésta su principal razón de ser: asumir el comando por muerte del comandante durante el combate. Con plena conciencia de la tremenda responsabilidad que ello implica y de la gravedad de lascircunstancias, a partir de ese momento me hice cargo de la Unidad.

Al bajar del puente, el Jefe de Máquinas me informó que por averías en el sistema de timón no era posible maniobrar el buque. Brevemente lo impuse de la situación y ordené parar máquinas.

A todo esto, un grupo de control de averías combatía las llamas en los sectores afectados.

Ante la posibilidad de que otros impactos hicieran naufragar el buque, se inspeccionaron las balsas salvavidas autoinflables, comprobándose que todas estaban inutilizadas, resultado de las innumerables esquirlas que las habían perforado.

Resumiendo, la situación del buque era: timón averiado, el puente con todo el instrumental, cartas y elementos de navegación destruidos; la radio también destruida, un incendio a bordo, ocho muertos (incluido el Comandante) y ocho heridos, personal con contusiones y heridas menores y la perspectiva de recibir nuevos ataques.

A partir de entonces, una vez dominado el incendio y reparado precariamente el sistema de timón, se organizó el regreso.

TRIPULANTES CAÍDOS EN EL COMBATE:

Capitán de Corbeta Sergio Raúl GÓMEZ ROCA

Guardiamarina Claudio OLIVIERI

Cabo Principal Mario Orlando ALANCAY

Cabo Segundo Sergio Rubén MEDINA

Cabo Segundo Elvio Daniel TONINA

Cabo Segundo Ernesto Rubén DEL MONTE

Marinero 1º Héctor DUFRECHOU

Conscripto Roberto D'ERRICO

Hoy, a 28 años de los hechos relatados, el Aviso A.R.A. “ALFÉREZ SOBRAL” continúa en servicio en la ARMADA ARGENTINA, con apostadero en la Base Naval Ushuaia. 

AVISO A.R.A. "ALFÉREZ SOBRAL" EN COMBATE
Relato de su Segundo Comandante durante la Guerra del Atlántico Sur,  Capitán de Navío (RS) Sergio Bazán