La botadura es una vivencia cúlmine que Astillero Río Santiago realizó ya 63 veces, casi una vez por año desde su fundación… y no por reiterada deja de conmovernos.
El deslizamiento hacia el agua se inicia gracias a dos capas de grasas de distinta consistencia que se colocan entre la imada (una pista de madera sobre la cual se construye el barco) y la anguila (otra de las partes de esta pista), que se deslizará al agua junto con el buque.
Las imadas se colocan sobre una superficie dotada normalmente con la inclinación de las imadas, que recibe el nombre de grada.
Estas fotografías del 30 de agosto de 1967 muestran el inicio construcción de las pistas de deslizamiento. El señor de la gorra era don Vicente Tesoriere y dicen las mentas que era muy trabajador. Lo apodaban “8 Pistones”.
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| Vista general de la imada. |
Momentos antes de ser botada la nave, se retiran en una secuencia preestablecida los picaderos y puntales ya que el deslizamiento de la misma se realiza de forma controlada.
La embarcación queda apoyada sobre la cuna de lanzamiento, y sólo queda retenida sobre la imada por los puntaletes y unos dispositivos de sujeción llamados llaves de lanzamiento. Los puntaletes se retiran instantes antes del bautismo del buque, tras el cual se acciona el mecanismo disparador liberando las llaves de lanzamiento.
(Derecha) Trabajadores del Astillero ultimando los detalles de la maniobra bajo el casco colosal de un bulk carrier apenas soportado por los frenos.
Se incorpora grasa a la pista y comienzan a soltarse los frenos.
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| Aquí el mecanismo preparado para el bautismo. |
La tradición de romper una botella contra la proa es de origen británico y se produjo por primera vez en 1780, pero la figura de la madrina encargada de estrellarla contra el caso del nuevo barco se originó en España.

Normalmente suele recaer en una persona relacionada con el armador del buque y en el caso de tratarse de buques de guerra, con las altas personalidades del Estado, del Gobierno o de la Marina.


















